#StoryTime Sanando mi relación con la menstruación

La primera vez que me vino el periodo, me sentía muy avergonzada, no quería que nadie se enterara. Sentía que había sucedido algo lamentable, me sentía hasta un tanto “sucia”. No entendía muy bien lo que estaba sucediendo dentro de mi. Mi mamá se alegró, me dijo “ponte una toallita” sin mucha explicación y me regaló una pulserita que simbolizaba el pase de niña a señorita. Yo no sabía como sentirme, le rogué que no le contara nada a nadie.

Desde entonces la menstruación se convirtió en un pesar para mi. Fui de las primeras en desarrollarme en mi escuela y lo escondí por mucho tiempo. No quería que mis amiguitas se enteraran. Luego de adolescente tuve los tan comunes ovarios poliquísticos, mi regla no era regular y empecé a tener problemas por ello. Así poco a poco, se fue distorsionando mi relación con la menstruación. Por muchos años la maldije, me hacía sentir rabia el hecho de tenerla. Sentía que era una castigo para las mujeres, me preguntaba porqué a nosotras nos pasaba y a los hombres no.

Cuando inicié este camino espiritual, por el que me encuentro transitando, no sabía que iba a llegar el punto de enfrentar lo que significaba para mi la menstruación. Sobre todo cuando decidí hacer de mi misión de vida la promoción de la energía femenina para ayudar a las mujeres a descubrir su poder interno. Entonces tuve que enfrentarme a entender mis propios procesos no solo espirituales sino biológicos y entendí la importancia que tiene honrar nuestros procesos femeninos y sentirnos agradecidas por ellos.

Mientras más me informaba más entendía lo fascinante que es como mujer experimentar tantos procesos biológicos: la menstruación, la maternidad, la menopausia. Y sobre todo comprender la necesidad de hacer las paces con ellos.

Toda esa carga de vergüenza y resentimiento que tenemos en contra de nuestra menstruación viene de miles de años atrás, cuando nos hicieron creer que sangrar una vez al mes y parir era un castigo divino por habernos comido la bendita manzana. Cuando empiezas a darte cuenta que todo ha sido una manipulación de la historia patriarcal comienzas a abrazar tu naturaleza femenina.

Eso fue lo que me sucedió con la menstruación. Empecé a comprender que era un proceso maravilloso que me hacía sentir mujer todos los meses, que ocurría gracias a nuestra capacidad de crear y dar vida. Que eso junto con el hecho de ser dadora de vida nos diferencia de los hombres y que todo el proceso en si que ocurre; cada célula que participa en el, la arquitectura de las fases; es un gran milagro que no tiene explicación racional y es digno de admirar.

Así que decidí hacer las paces con mi regla, honrarla, agradecerla, amarla. Y darme la oportunidad de sentirme mujer, de sentirme vulnerable, de agradecer que ese proceso me hace sentir viva y conectada con la naturaleza, con nuestra naturaleza femenina.

Hay mucho que decir sobre la menstruación y muchas memorias ancestrales que sanar. Porque este “malentendido” tiene años en nuestro ADN pero por algún lado debemos empezar. Y lo debemos hacer por las futuras generaciones, porque esas mujeres merecen conocer otro lado de nuestra historia. Porque ellas merecen tener una mejor relación con aquello que las hace mujeres, que las hace parte de este hermoso ciclo natural.

Así que empecemos a dar conversaciones sobre el periodo, primero con nosotras mismas y después públicamente. Es una manera de reivindicarnos como mujeres. Es hora de sentirnos dichosas y de honrar lo que somos. Somos magia creativa, somos amor, luz y vida.

Muchos besos,

Amanda

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